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“Los D-N tenemos mucho que hacer para combatir el hambre y la desnutrición en el mundo”

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  • 31 de julio, 2015
  • by comunicacion
  • Cooperación, Dietistas-nutricionistas,
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Jon Badiola nos cuenta sus experiencias como D-N cooperante en Bolivia

Jon Badiola es un chico inquieto, lo que vulgarmente suelen llamar un “culo de mal asiento”, por eso, un buen día decidió dejar la comodidad de su Durango natal y enrolarse en una aventura que sin duda ha marcado su vida. Un proyecto de cooperación en Cochabamba al que accedió gracias a un programa del Gobierno Vasco y en el que implicó al Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas del País Vasco (CODINE). Parece que lo de ayudar a los demás ya estaba inscrito en el ADN de Jon, así que sólo necesitó un desencadenante: una noticia en la tele hablando de cooperación para enrolarse.

Jon, ¿cómo fue el flechazo?

Me enteré del programa que tiene el Gobierno Vasco llamado “Juventud Vasca Cooperante” por la tele. Ellos colaboran desde hacía años con el CIPCA (Centro de Investigación y Promoción del Campesinado) y precisamente necesitaban un D-N, así que me presenté y me seleccionaron.

¿Implicaste a alguien más?

Me enteré de que el Colegio Oficial del País Vasco al que pertenezco tenía intención de hacer una donación económica a alguna asociación y presenté a CIPCA como posible candidato. Se presentaron diferentes proyectos y finalmente se optó por CIPCA.

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Formación a la población local 

El proyecto se desarrolla en Bolivia, cuéntanos cuáles eran vuestros objetivos

Sí, mi proyecto se desarrolló en Bolivia, en el departamento de Cochabamba y el objetivo era formar a 9 comunidades de la subcentral de Matarani que está en el municipio de Sacabamba. Es una zona árida, con pocas precipitaciones y baja productividad agrícola, lo que provoca poca variedad de productos alimenticios y escasa cantidad. Los principales cultivos son la papa, el maíz o las habas, pero hay muy pocas frutas y verduras.

En esta zona los ciudadanos son prácticamente autosuficientes, así que lo que pretende conseguir CIPCA es aportar recursos para aumentar la productividad y variedad de productos. La tarea no es sencilla porque a las circunstancias ambientales y económicas, hay que sumar las costumbres sociales y religiosas que en algunos casos también pueden frenar los cambios alimentarios.

¿Con qué grupo de población habéis trabajado?

Yo trabajaba con diferentes públicos. En primer lugar hicimos una formación con los “promotores”. Dentro de cada comunidad hay uno o dos y son los encargados de recibir la formación y transmitirla al resto de los miembros. Luego se hizo una réplica en cada comunidad, pero en este caso los formadores también eran los promotores. En la segunda fase, el público asistente era ya prácticamente toda la comunidad, unas 20 o 30 personas; jóvenes, padres, madres, abuelos, abuelas y hasta bebés… Vamos, ¡toda la familia! Aparte de esto, también teníamos una estrecha relación con los concejales del ayuntamiento, el personal del centro de salud y las cocineras de los colegios, que en la mayoría de los casos son madres de alguno de los niños que asisten al cole.

Revisión de niños en Cochabamba

Sesión de revisión de niños en Cochabamba

¿Qué profesionales forman la plantilla de colaboradores?

Los profesionales de CIPCA son trabajadores, con estudios universitarios (sociólogos, economistas, de ingeniería agrícola, enfermeros, nutricionistas,…)

¿Cuál era tu cometido como Dietista-Nutricionista?

Nuestra labor es principalmente de formación a promotores y población en general, para lo que se crean una serie de cartillas de formación y el D-N es el encargado de proveer de contenidos a esas cartillas. Además hacemos un seguimiento del estado de los niños y coordinamos al resto de autoridades de la zona; personal del ayuntamiento, enfermeras, etc. Es fundamental concienciar a la población de la importancia de la alimentación saludable y e impulsar cambios de hábitos alimentarios.

¿Qué método de trabajo seguís?

Desde el CIPCA se trabaja creando “atajados” para que almacenen agua de las épocas lluviosas, y también les enseñan a hacen invernaderos para que los productos aguanten las heladas de la noche. Todo esto les posibilita tener hortalizas y frutas que ellos desconocían o no tienen costumbre de comerlos. Mi función era remarcar la importancia de la dieta variada y hacer ver los aspectos positivos de estos alimentos. No hablo de alimentos raros, sino de productos corrientes como lechuga, cebolla, zanahoria, tomate, guisantes (arvejas), brócoli, calabaza (zapallo), espinaca y remolacha (beterraga). El área de trabajo de CIPCA es muy amplia; trabajan mucho el área social, empoderamiento de la mujer y también el área productivo agrícola y ganadero. Y otra área es la nutricional, que va un poco en transversal con el resto de los temas.

¿Qué experiencias te ha reportado trabajar en este proyecto?

Sobre todo ver que el hambre y la desnutrición no son un tema de televisión y películas. Que es un tema palpable, y que los D-N tenemos mucho por hacer en este ámbito. Debemos ser fieles defensores del derecho a la alimentación. Y tener esto en cuenta en las decisiones del día a día. La experiencia de CIPCA, fue el impulso para seguir trabajando en esta línea. Actualmente colaboro con la asociación amigos y amigas del RASD elaborando guías relacionados con temas de alimentación para la población Saharaui.

Si tuvieras que animar a alguien a colaborar con vosotros qué le dirías

Que no se lo piense dos veces, porque merece la pena. En mi caso el balance es de lo más positivo, me ha enriquecido mucho personalmente y he tenido la oportunidad de ver diferentes costumbres y religiones, conocer diferentes idiomas, alimentos y formas culinarias. Además he conocido lugares preciosos, y he hecho amigos que me aportaron mucho y he tenido el lujo de contar con una beca para hacerlo todo.

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